Las Fases del Cambio en la Empresa

Nos cuesta cambiar.

Los humanos somos así. Siempre tras la búsqueda de lo estable y previsible.

Y eso está bien. Mejor vivir tranquilos y sin sobresaltos. Creo que todos aspiramos (en mayor o menor medida) a algo así.

Yo, no tanto. Pero supongo que hay pocas excepciones.

 

 

Lo que choca con todo esto, con esa tendencia a la búsqueda de lo esperable, es que los problemas ahora han cambiado. Y en unos años volverán a cambiar… y por eso es tan importante desarrollar formas de trabajo que permitan estar continuamente innovando y reinventándose para adaptarse a estos cambios… TODO EL RATO.

Después de presenciar muchas transformaciones totales en algunas empresas, me he animado a dividir este proceso en 5 fases distintas, porque que creo que sí o sí, hay que pasar para conseguir el cambio.

 

ETAPA 1: Insatisfacción

Esta primera etapa, es un poco silenciosa, pero cancerígena, porque tu empresa o equipo de trabajo trabaja en piloto automático y está sumergido en una dinámica de insatisfacción y desmotivación generalizada. Y es algo que siempre suele ir a más, hace que la gente se vaya… y que suele provocar descontento en al ambiente.

En general, os habéis olvidado de cuál era el punto de partida… y el de llegada. Estáis picando piedra sin plantearos demasiado “para qué”, incluso, pensando que el problema de no crecer más, es porque no le metéis las suficientes horas, no porque haya cosas que replantear.

O lo que es lo mismo: os movéis desde lo pequeño y limitado, desde la irrelevancia. Normalmente, no se cuestionan demasiado las cosas, sino que se funciona desde el “siempre se ha hecho así”.

Esta etapa tiene una mezcla entre inercia y frustración.

Inercia debido a este modus operandi en automático, trabajando cada uno en lo suyo, con departamentos (muy probablemente) herméticos.

Me ha pasado incluso que, cuando me he puesto a ayudar a equipos en esta situación, al meterlos en una sala a todos (representantes de varios departamentos) se dan cuenta de que ni siquiera hablan el mismo idioma. Códigos totalmente diferentes dentro de la misma empresa (cualquiera diría que trabajan en el mismo lugar).

La situación es que no todos están remando al 100% hacia la misma dirección. Cada cual sobrevive como puede.

– Y por otra parte hay altos niveles de frustración porque sentís que las cosas son están funcionando bien, mucho menos de forma fluída. No estáis cómodos, ni unidos, ni tenéis una causa común clara.

No “vivís” los servicios que vendéis, no os apasionan.

No funcionan los procesos, no llegáis a objetivos de facturación. Pueden ser muchos tipos de problemas, pero siempre tienen en común lastres que se han acumulado y que habría que replantear unas cuantas cosas que, de entrada, suenan “complicadas”.

Llegados a este punto, hay un peligro: que se normalice la situación.

Que la inercia y la frustración se alimenten mutuamente.

Ahí, es cuando (además) aumenta el mal ambiente, porque se entra en la queja, en la desconexión total del equipo, en la resignación, en que la gente vaya a trabajar solo por dinero, no porque esté comprometida con la actividad que desempeña.

¿Y todo esto solo por no tener claro el rumbo de la empresa y de los proyectos?

Me temo que sí.

(Luego siempre se puede complicar todo por más razones, evidentemente, pero de base, no tener claro tu objetivo o no compartir el que persigues, genera esto, así para empezar.

 

ETAPA 2: Las preguntas

Como líder o coordinador de proyectos empiezas a preguntarte cosas.

A cuestionarse la situación, el funcionamiento de la empresa, el origen de la desmotivación.

Preguntas.

Se empieza a plantear que quizás haya que cambiar algunas cosas, aunque, en este momento, seguramente piense que son unos pequeños ajustes

OJO con los pequeños ajustes: si te quedas en esta fase (sin pasar a la siguiente) y te poner a “ajustar cosas”, eso tiene un nombre: parchear. Lo cual, ya se sabe que solo lleva a

La parte peliaguda de esto, es que aquí nos enfrentamos a una espesa incertidumbre… no sabes qué vas a encontrarte al otro lado.

¿Y si no sale bien? ¿Y si estábamos mejor antes?

Aquí solo queda experimentar y trabajar desde la flexibilidad para adaptarse a lo que está por venir.

Además, algo habitual que puede pasar aquí es detectar una gran carencia de pertenencia a la empresa o al proyecto que se pretende sacar adelante. Pero no nos damos cuenta hasta que nos paramos a analizarlo un poco.

Lo importante es empezar a plantearse si lo que estáis haciendo tiene sentido para que todos tiren, o no.

 

ETAPA 3: El Plan

Esta es mi fase preferida y es donde entro yo a ayudar: es la búsqueda de soluciones, dar forma a ese cambio.

En resumen (muy resumido), consta de 3 pasos:

1.- Crear una visión conjunta y común a todo el equipo

**Esto es clave para la siguiente fase, así que no te saltes este paso.

2.- Definir el reto y fijar hitos

3.- Buscar soluciones concretas

 

En definitiva, es crear una nueva oportunidad de mejora.

Normalmente, cuando algo no funciona, es una situación con muchas variables que es imposible abordar al completo. Sería demasiado.

Así que… se empieza por un trocito. Por eso es tan importante definir el reto al que nos enfrentamos, acotar esa área que queremos cambiar (servicios, procesos, experiencia cliente… lo que sea).

 

ETAPA 4: El hoyo

Le llamo el hoyo porque aquí ya hemos puesto esa solución/cambio en marcha y, sobre todo, emocionalmente, nos sentimos vulnerables. Estamos metidos en la incertidumbre hasta las cejas.

Es casi hacer un acto de fe.

Las cosas están empezando a cambiar, lo que pasa es que aun no se ve al 100%. A veces, ni al 20%

Pero la clave está en seguir adelante y llegar, seguir dando pasos.

Aquí es donde el 90% de las empresas* fallan.

**Porcentaje ficticio, pero me aventuro a afirmarlo 😉

 

Es lo que Tim Brown describe un poco en su libro:

 

 

Del libro de Tim Brown “Change by Design”

 

Quizás así quede más claro:

Cuando estamos ahí abajo, sumergidos en la parte desconocida, estamos muy incómodos y dudamos, porque nos sentimos muy vulnerables todo el tiempo. Es el efecto de la incertidumbre.

No tenemos el control al 100% de lo que está pasando.

En esta parte, si lo estáis haciendo bien, u os están acompañando bien, seguramente estén cambiando muchas cosas, solo que no están siendo del todo palpables.

De ahí, lo del salto de fe.

 

ETAPA 5: Consolidación

¿Pensabas que aquí ya lanzábamos fuegos artificiales? Incluso cuando el cambio ya ha sucedido, hay que adaptarse a ello, y eso tampoco es fácil.

Pasa un tiempo.

Falta hacer pruebas, a que todas las personas se adapten, se acostumbren. Falta engranarlo todo bien,  gestionar expectativas… a estar incómodos un ratito más.

Consolidar un cambio también es un proceso en sí mismo.

Y hay otra cosa importante: el cambio no acaba nunca.

Al igual que las personas, las empresas son un organismo vivo (lógico, si está conformado por ellas, ¿no?)

 

En resumen

A las personas (y a las empresas), no es que no nos gusten los cambios; lo que no nos gusta son las transiciones, adaptarse a la nueva situación, crearla entre todos, estar incómodos mientras no llega.

Esa es la parte complicada.

Cuando tienes un pie muy lejos del principio pero aún muy lejos del final.

Por eso es tan importante tener claro el por qué iniciáis ese cambio, por qué vais a mejorar algo: porque cuando estéis incómodos nadando en incertidumbre y tengáis que sacar la motivación de debajo de las piedras… ahí es donde la vais a encontrar.

 

Marta Falcón
hola@martafalcon.com

Acompaño a empresas en un proceso de cambio, diseñar nuevas soluciones y sacar lo mejor de sí mismas para resolver sus retos.

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