Nos cuesta cambiar. Los humanos somos así. Siempre tras la búsqueda de lo estable y previsible. Y eso está bien. Mejor vivir tranquilos y sin sobresaltos. Creo que todos aspiramos (en mayor o menor medida) a algo así. Yo, no tanto. Pero supongo que hay pocas excepciones.  
Los alumnos (al menos los míos) son tremendos. Una se prepara su clase con todo el cuidado, aportando sus recursos y experiencia y, los muy canallas, te asaltan con las preguntas más inesperadas que te dejan noqueado. Les hago la ola. Son geniales. Y de esto va este post. De preguntas indiscretas y lanzadas a bocajarro.  
Todo empezó en un café de 4 horas en Santiago de Compostela. Andrea estaba de paso por la ciudad, así que me acerqué a verla. Después de una comida en la que arreglamos el mundo entero, fuimos a tomar ESE café, en que surgió el tema de lo aburridos que estaban siendo los eventos del mundillo emprendedor últimamente. No hubo que decir más.
Este último mes he hablado con muuuucha gente. He estado comentando cosas con personas que estaban interesadas en el Falcón BootCamp (que por cierto, empieza mañana yeahh!) y claro, me mostraban sus dudas. Una de ellas, es la que “ya he invertido en esto y en lo otro”, “justo acabo de montar la web y no voy a cambiarla ahora” o “bueno, sigo tirando así a ver qué pasa”. No veas la de veces que se ha repetido esta duda. ¡Y es normal!  
Sinceramente: ha sido un trabajo tela. Hace un mes que cambié toda la web y hoy te quiero contar todo lo que hay detrás. Cuál fue el proceso. Qué tuve en cuenta. Por qué decidí cambiarla.