Pasa muy a menudo.
Muchas ideas, muchas opciones y poca claridad sobre qué es lo mejor.
Según avanzan los tiempos, parece que las posibilidades se multiplican.
Cuando eliges formarte, miles de opciones de temas
Cuando acabas y quieres emprender, miles de opciones de enfoques
Cuando tienes el enfoque, miles de opciones de formatos
Cuando eliges el formato, miles de opciones sobre cómo comunicarlo
Y, cada vez, más.
La realidad es que puedes enfocar tu Emprendimiento, o comunicar con tu Marca Personal de muchas maneras.
Pero solo unas pocas son las adecuadas para tu caso específico.
El tema es saber cuáles son ésas.
Hasta ese momento, lo que hay en tu cabeza es un centrifugado que ocasiona bloqueo.
Por supuesto, ese bloqueo, crea la procrastinación.
¿Cómo acabamos con esto?
¿Cómo salimos del bucle?
La única pregunta que tienes que hacerte para tener claridad
En mi experiencia (no solo con mis movidas, sino con las personas a las que mentorizo también) la falta de claridad se resuelve respondiendo a la pregunta:
¿Cuál es el problema que quieres resolver?
En el caso de crear unos servicios o comunicar con tu marca personal:
“Es que no sé cómo contar lo que hago”
Responde ¿Cuál es el problema que quieres resolver?
“Es que no sé si hacer un servicio complementario”
Responde ¿Cuál es el problema que quieres resolver?
“Es que no sé qué poner en la web”
Responde ¿Cuál es el problema que quieres resolver?
En el caso tuyo propio, para cumplir tus objetivos:
“Es que no sé si contratar gente o quedarme yo sola?
Responde ¿Cuál es el problema que quieres resolver?
“Es que no sé si especializarme o unir varias disciplinas”
Responde ¿Cuál es el problema que quieres resolver?
“Es que no sé si hacer un curso o un servicio personalizado”
Responde ¿Cuál es el problema que quieres resolver?
“Es que no sé si apuntarme a pilates o a crossfit”
Responde ¿Cuál es el problema que quieres resolver?
Normalmente, nos centramos en encontrar la solución, en tomar la mejor de las decisiones.
Pero es muy difícil encontrar la solución más adecuada, si no tenemos bien planteado el problema que queremos resolver.
Cuando planteamos ese problema, dejas de centrifugar y aparece esa claridad porque muchas de las opciones quedan automáticamente descartadas.
Caen por su propio peso porque no resuelven lo que tienen que resolver.
Por mucho que te gusten.
Pensar en qué problema exacto tiene el perfil de persona al que quieres ayudar, es la guía de muchas cosas.
O pensar en el que tienes tú.
Porque, por ejemplo, si es alguien que ha hecho 1000 formaciones, que ha consumido mucha información y que aún así sigue muy perdido… no va a querer un curso, por mucho que a ti te encante la idea.
No le estarías resolviendo su problema.
Y si es alguien que te escucha hablar de forma técnica en tus redes, cuando lo que busca es aplicación práctica y ni teoría, tampoco.
Con lo cual, vas a desalinearte y a centrifugar posibles opciones hasta el infinito.
Porque ni te entienden, ni vendes.
Enfócate primero MUCHO en el problema.
Mucho, pero mucho antes que en la solución.
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