Lo que he aprendido en 122 horas de formación

Los alumnos (al menos los míos) son tremendos.

Una se prepara su clase con todo el cuidado, aportando sus recursos y experiencia y, los muy canallas, te asaltan con las preguntas más inesperadas que te dejan noqueado.

Les hago la ola. Son geniales.

Y de esto va este post. De preguntas indiscretas y lanzadas a bocajarro.

 

122 es el número de horas que he impartido en el primer semestre de 2018.

No sé si es mucho o poco (déjame un comentario con tu opinión, la verdad es que no tengo referencias sobre esto para comparar), pero de dar alguna clase aislada por amor al arte de forma esporádica, las cosas han hecho que gran parte de mi tiempo a la formación in company.

Para ponerte un poco en situación, en general, las clases que he estado impartiendo este año son:

– Diseño de servicios y experiencia de usuario

– Design thinking

– Customer centric

 

En el contexto de estos talleres, hablamos de muchas cosas más:

– Transformación digital

– Facilitación del cambio

– Resolución creativa de problemas en la empresa

– Producto mínimo viable (MVP)

– Investigación de usuarios

– Trabajo en equipo

… entre otras.

Así que, yendo ya al tema, aquí os dejo algunas de sus preguntas más desafiantes y la respuesta que yo les he dado:

 

Dices de trabajar desde el punto de vista del usuario… ¿cómo adivinamos lo que quiere? Ellos no te lo van a decir.

Ojalá lo dijesen, pero no.

Aquí, normalmente, añaden la frase que dijo Henry Ford en su día: “si hubiese preguntado a mis clientes qué querían, me hubiesen pedido un caballo más rápido”

Ésta siempre sale.

En el momento de trabajar desde el punto de vista del usuario, hay dos cosas que no podemos hacer:

– Esperar que nos digan qué quieren

– Probar a adivinarlo

Ninguna funciona.

La forma es, observar, detectar patrones, comportamientos recurrentes que nos permitan sacar conclusiones y volver a comprobar si vamos por el camino correcto. Detectar indicios de necesidades no cubiertas a las que podamos dar solución.

 

¿Estas herramientas no son las de siempre?

Esta pregunta salió una vez, después de haber explicado distintas herramientas de análisis de usuarios en resolución creativa de problemas. Y la respuesta es…

Pues sí. Y no.

Por ejemplo, agile (su manifiesto) se creó en 2001. Concretamente el 15 de febrero.

Las semillas de Design thinking surgen en 1960 y el término se acuña en los 90.

Y, casi 30 años después… Solo un bajo porcentaje de las empresas utilizan estas metodologías tan potentes. Nos hemos agarrado a la era industrial como a un clavo ardiendo y seguimos pensando igual que a principios del S. XIX, pero con ordenadores.

Así que la respuesta es SÍ, hay herramientas que no son nuevas. Lo que es nuevo para muchos es buscar la forma práctica de introducirlas en sus empresas. A pesar de haber ido a charlas (o lo que sea) sobre estas nuevas formas de trabajar, uno vuelve a la oficina y sigue haciendo las cosas al puro estilo S. XIX.

Si, en verdad, lo complicado es implementarlas, no saber cómo funcionan.

 

Tenemos una solución… ¿cómo os aseguramos de que se lleve a la práctica y no se quede en nada?

La verdad es que esta es muy buena pregunta. Yo estoy cansada de que se hagan planes de cosas súper elaborados y que se guarden en un cajón por siempre jamás.

La forma de asegurarnos de que las cosas se hagan (según mi experiencia) es:

 

1- Creando la solución involucrando a todo el equipo de trabajo

2- Al acabar estas sesiones de trabajo, les hago establecer unos “próximos pasos”… y, de ahí, sale un plan de hitos concretos para esa implementación. En esta parte suele introducirse algún tipo de experimento controlado para minimizar riesgos y hacer ajustes.

3- La importancia del punto uno es que ese equipo que crea la solución, esté motivado para llevar a cabo esa implementación.

 

Trabajar con herramientas de “diseño de servicios”, design thinking, experimentación… y crear una experiencia para el usuario… ¿garantiza el éxito?

Eeeeemmm… no, no garantiza el éxito. Pero minimiza el fracaso.

Lo cual, me parece que compensa más que seguir haciéndolo de forma tradicional.

Son herramientas muy flexibles, muy ágiles, y que se basan mucho en, antes de lanzar nada, hacer pruebas controladas para ver si nuestra idea tiene posibilidades de encajar entre las necesidades de nuestros clientes, o nos hemos pasado de largo.

Si nos hemos pasado, siempre podemos recoger feedback y mejorarlo (antes de lanzarlo, siempre).

Es lo peor que puede pasar, que nos equivoquemos en una prueba.

 

¿Por qué hay que invertir tanto tiempo en definir un reto?

Esto me lo preguntan porque, gran parte de los workshops, los invertimos en definir el problema concreto que vamos a abordar/solucionar.

Lo que se hace la mayoría de las veces, es:

1.- Nos damos cuenta de que algo no funciona

2.- Convocamos una reunión

3.- Nos ponemos directamente a buscar una solución

 

Problema: que nos ponemos a buscar soluciones antes de tener claro y, sobre todo, acotado, cuál es el problema que vamos a resolver.

Además, muchas veces pasa que hay “algo” que no funciona, o que se puede mejorar… pero no sabemos a ciencia cierta qué es… o está tan difuso el problema que, primero, conviene sentarse a definirlo. Al menos, de dónde a dónde nos interesa empezar a resolverlo, qué trozo.

Al final, ya se sabe de, las buenas respuestas siempre salen de buenas preguntas.  

 

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Esto está muy bien, pero en mi empresa hay muchos vicios adquiridos con los años… ¿cómo se cambia la forma de trabajar del equipo de la forma menos dolorosa posible?

Siempre es laborioso, pero no imposible, siempre y cuando quiera de verdad mejorarse algo y marcar la diferencia.

El primer paso, yo creo que siempre pasa por la formación. Hacer algún taller entre todos que ayude a que todos empiecen a trabajar con la misma línea, la que sea que se decida, pero todos a una.

Creo que lo más importante de este tipo de formaciones es que sean muy prácticas, para que se entienda bien la aplicación, pero también orientadas a que, al día siguiente, se puedan implementar cosas en el día a día.

 

¿No es un poco de broma pretender llenar las paredes con pos its para detectar oportunidades de negocio? Mi jefe no me dejaría…

El problema de esto es que se le da al post it demasiado protagonismo, cuando, simplemente, es una herramienta de trabajo. Como otra cualquiera.

El tema no es el post it, sino la forma de trabajar. Los post its solo sirven para que esta nueva forma de trabajar flexible, visual y ágil, pueda llevarse a la práctica. Ésa es la clave.

 

Lo que no podemos perder de vista es que…

– Estas metodologías son “learning by doing” y para ello hay que “mancharse las manos” (literal, porque el rotulador es tremendo)

– Y que la creatividad va de la mano con la estrategia, sino, no funciona

Pues hasta aquí la selección de preguntas. Me he quedado solo con algunas, porque sino se haría muy largo… pero HAY MÁS. Si te interesa que responda a más preguntas lanzadas a bocajarro, escríbemelo en la zona de comentarios de más abajo y haré más posts como estos.

Foto via

 

Marta Falcón
hola@martafalcon.com

Acompaño a empresas en un proceso de cambio, diseñar nuevas soluciones y sacar lo mejor de sí mismas para resolver sus retos.

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