El ánimo del emprendedor creativo. Del miedo a la euforia en 3 fases

Hasta donde yo sé, ser emprendedor no es fácil. Todos los días te enfrentas a una serie de retos que te ponen a prueba continuamente. Es por eso que, no todo el mundo vale para ello, porque para que tu moral pueda soportarlo tiene que darse algo muy importante: te tiene que apasionar lo que haces por encima de todas las cosas.

Por supuesto, por mucha ilusión que uno ponga en su proyecto, no todos los días son brillantes y llenos de alegrías; también los hay tirando a marrón oscuro llenos de despropósitos, ansiedad y meteduras de pata, faltaría más. Por eso, en el ánimo del emprendedor, la montaña rusa de subidones y bajones que está a la orden del día. Todo dentro de una misma jornada.

 

Ser emprendedor: del miedo a la euforia en 3 fases Compartir en X

 

A lo largo del camino te enfrentas a TANTAS cosas inesperadas, que cuando te sientas a trabajar sueles pensar “a ver qué es lo que me cae hoy”, porque es todo tan desconocido e incierto que todo son sorpresas… y no siempre agradables. Por eso, además de encantarte lo que haces, tiene que gustarte la emoción y estar a prueba de curvas, hay que tener un ánimo inquebrantable.

 

Así, grosso modo, personalmente he detectado 3 grandes etapas por las que se pasa, que suelen darse en ese orden y que, además, es complicado saltárselas. Pueden pasar las 3 en un mismo año (lo cual sería fantástico) o pueden suceder a lo largo de varios, depende de lo rápido que vaya tu proyecto. Son estas:

 

 

FASE 1: Cuando das el paso

 

A qué te enfrentas: comentarios externos de incomprensión, críticas, prejuicios el típico “si ya tienes esto y esto otro, ¿para qué arriesgarte a perderlo?… etc.

 

Tu creatividad… nace a borbotones, se te ocurren un montón de maneras de hacer las cosas, te sientes imparable e idealizas un futuro prometedor a pesar de todo.

 

Qué piensas: ahora o nunca, este es mi momento y no lo voy a desaprovechar, tengo 1000 ideas que me apetece poner en marcha.

 

Qué sientes: ilusión total, ganas infinitas, dolor de barriga del bueno.

 

Qué haces: ¡das el paso!

 

Qué sucede al final: te coges tu miedo, tu incertidumbre, tus ganas de aventura, y tu inconformismo para apostar por ti, por lo que te gusta y por tu futuro.

 

 

FASE 2: El estado de tormento

 

A qué te enfrentas: complicaciones especialmente llegadas de la inexperiencia, un aprendizaje continuo lleno de altos y bajos en el que la ansiedad hace de vez en cuando aparición para unirse a tu desamparo.

 

Tu creatividad… está en nivel medio-bajo porque tienes que ir apagando tantos fuegos que pasas la mayor parte del día desquiciado y sim tiempo para darle vida.

 

Qué piensas: es la época de cuestionárselo todo, del ¿quién me habrá mandado a mí meterme en este jardín?, del ¿estará mi familia/pareja/amigos pasándolo mal por mi culpa? y del ¿realmente esto es para mí?

 

Qué sientes: se trata de un estado de ciclotimia total, en el que pasas de la euforia absoluta de que te molas a ti mismo por haber sido valiente y haber dado el paso, al bajón en picado en el que quieres echar la persiana para siempre y no volver a saber del tema. Muchas veces, ambos estados suceden varias veces a lo largo del día.

 

Qué haces: sigues trabajando como un burrito. Sacas fuerza de donde te queden y decides seguir adelante. Eso si eres valiente. Si no eres lo suficientemente fuerte, no estás motivado o te dejas influenciar por personas que te comen el coco, esta es la etapa en el que abandonas.

 

Qué sucede al final: si no te dejas vencer por los malos momentos, en esta etapa es cuando empiezan a aparecer compañeros de viaje, otros emprendedores que conoces a base de estar en el mundillo y que te recuerdan que no estás solo. Así, cada día que pasa, empiezas a tomarte las cosas con mejor humor y empiezas a hacerte también más fuerte.

 

El ánimo del emprendedor

 

FASE 3: El éxito

 

A qué te enfrentas: después de un tiempo en el que te has matado a trabajar centrándote en lo que realmente quieres, empiezan a llegar cosas buenas, los proyectos salen adelante, te llaman para hacer colaboraciones chulas y todo empieza a ir rodado. Con dificultades también, claro, pero ya te lo tomas de otra forma.

 

Tu creatividad… vuelve a su esencia. Estás ya tan centrado que surgen muchas nuevas (y buenas) ideas, ya con un propósito bien definido. Has filtrado todo lo aprendido hasta el momento y lo usas con coherencia.

 

Qué piensas: empiezas a centrarte más en ti y en el sentido de tu proyecto. Aunque todavía hay mucho que andar, mucho que conseguir y muchos objetivos por alcanzar, ya tienes bastante construido sobre lo que trabajar.

 

Qué sientes: te sientes más tranquilo, organizado y con ganas de hacer cosas.

 

Qué haces: te paras y observas lo conseguido. Es momento de empezar a recoger frutos, pero también de hacer una pausa para disfrutar de lo que has logrado hasta el momento. Y por supuesto, para un merecido (pequeño) descanso.

 

Qué sucede al final: sigues construyendo y ya lo haces con un plan estudiado. Recoger frutos, pero ya estás pensando en tu siguiente meta. Ya a partir de aquí, eres invencible.

¿Te sientes identificado con alguna? ¿Has pasado ya la 1? ¿Eres un afortunado de la 3? ¿Has pasado por las 3 en distintos proyectos? ¡Deja tu comentario contando tu experiencia!

¡Feliz viaje creativo!

 

firma DC

Deja un comentario