Los objetivos están sobrevalorados. Yo hago esto otro

Hace unos días me llegó una idea que me dejó muy rayada.

Se la escuché a una tía en Youtube, que a su vez hizo alusión a un vídeo de Tik Tok (del cual no dio referencia, siento no poder ponerla) que decía algo así:

Poco se habla del dolor de saber quién quieres ser pero sentirte incapaz de entrar en esa nueva persona. Lo etiquetamos como vagancia, o falta de disciplina, o que hay algo de malo en nosotros… pero lo que realmente pasa es que no tienes la estructura interna para sostener la vida que quieres

 

Nos volvemos locos poniendo objetivos en el año nuevo que, muchas veces, son ensoñaciones.

Y lo son, no porque no seamos capaces, o no sean realistas…

Sino que no somos esa persona aún.

Aún no tenemos las habilidades, la mentalidad o la libertad de poder llegar ahí.

Es un tema de la cosmovisión de cada uno/a.

Y, muchas veces, tienes clarísimo a dónde ir, pero tienes tanta inercia de lo anterior, que acabas volviendo de alguna forma a hacer las cosas “como siempre”.

Incluso, a veces, volviendo literalmente al camino anterior.

Coges un desvío, pensando que vas para otro lugar y apareces en el sitio de dónde te habías ido un año antes.

Porque no has hecho un cambio estructural dentro de ti.

Crees en las mismas cosas, y tienes las mismas limitaciones.

Y eso no te lo puedes llevar al nuevo lugar, hay que ir dejándolo por el camino.

El rollo de los objetivos, o de los cambios, no va tanto de hacer el visión board en enero, sino de revisar si tienes los recursos necesarios para conseguir lo que quieres y, si es que no, si realmente estás dispuesto/a a pagar el peaje para conseguirlos.

Porque, si no hay ni una cosa ni la otra, es cuando hablamos de la ensoñación.

Sin los recursos, sin posibilidad de tenerlos y sin ser la persona (todavía) que puede entrar dentro de la vida deseada… ya me dirás.

Sino, si nos ponemos objetivos ensoñaciones muy lejanas, cualquier cosa que nos propongamos será frustrante, no cumpliremos nuestras promesas y no volveremos a confiar en nosotrxs mismxs.

 

 

Entonces… ¿me estoy poniendo objetivos erróneos? 

 

La respuesta corta, es que muchas veces sí.

Porque hay objetivos que te pones que no dependen de ti.

Por ejemplo, el número de suscriptores en Youtube.

Y luego, muchas otras, no tienes el recurso, o el contacto, o las habilidades.

No quiere decir que no puedas conseguirlo, sino que, ahora, la realidad es que no lo tienes.

Te quedan algunas fases que conquistar primero, para convertirte poco a poco en la persona que sí tiene esos recursos.

Y esos pasos, son nuevos.

Seguramente, lo que trajo hasta aquí, no te va a llevar hasta allá.

Mientras ese objetivo no entre en algo en lo que tú puedas “hacer algo”, será una ensoñación.

No depende de ti cuántos suscriptores vayas a tener en Youtube en 2026.

Lo que sí depende es subir un vídeo a la semana.

Y, para eso, sí puedes montar un sistema.

Un flujo de trabajo que te ayude a avanzar paso a paso por él para que saques adelante lo que te habías propuesto.

Lo que depende de ti, son los sistemas. Que son el vehículo que cruza cada fase hacia tu meta final.

Para eso, sí tienes la opción ahora mismo, puedes tirar de ese hilo para empezar a buscar otros recursos, adquirir habilidades y formar poco a poco esta estructura interna que te permita llegar.

Para eso, los sistemas te ayudan.

Por eso estoy tan orgullosa del sistema que cree para mi creación de contenidos (apta para gente dispersa) que explico en mi programa de NeoMarca Personal, que tanto me sirve para crear, por ejemplo, este newsletter.

Aunque… bueno, no solamente hace falta tener unos sistemas.

 

 

Es necesario algo más para entrar en tu Nueva Era…

 

Independientemente de tener un sistema de trabajo planteado, para convertirte en esa persona que sí tiene los fundamentos internos que consiguen el objetivo que quieras, creo que también necesitas 3 ingredientes:

Tiempo

Energía

Compromiso

 

Tiempo: hacer espacio real en la agenda, no pensar que vas a ponerte a construir algo “cuando encuentres un hueco”. Eso no va a pasar.

Energía: energía mental suficiente destinada a trabajar sin distracciones en eso que te importa, a través de esos sistemas

Compromiso: básicamente, contigo. Que respetes lo suficiente esa meta a la que quieres llegar y, por lo tanto, a ti mismo/a. Tanto, como para que uses ese tiempo con esa energía para construir lo que quieres

 

Esas 3 cosas son las que echan gasolina a los sistemas.

Y, ese camino, ese movimiento, es lo que consigue que se vayan creando los fundamentos de la persona que quieres ser.

Sino, estamos hablando de ensoñaciones.

 

 

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Ya no hay vuelta atrás con esto

Venimos de unos años de muuuucha caspa.

De Marcas Personales repetitivas, predecibles y que saturan.

Por no hablar de que se ha vendido tanto humo y basura, que la falta de credibilidad está a la orden del día.

De postureo por un tubo.

Ya sabes de qué te hablo: gente que parece que todo lo tiene resuelto en la vida y que te habla de sus “aprendizajes” o “el reto que les puso la vida” pero contándote que, gracias a su elevada sapiencia supieron superarlo “saliendo más fuertes”.

El tema es que, ni tú ni yo nos identificamos con toda esa mandanga.

Realmente, lxs Change Makers, lo que queremos conseguir, no es ni la ovación del público, ni el peloteo, ni las palmaditas en la espalda.

Lo que buscamos es trabajar en lo que nos gusta, con gente que nos caiga bien y ganar muy buen dinero con ello.

Si tenemos reconocimiento de la gente, que sea por eso.

Tener autoridad precisamente por hacer bien nuestro trabajo y comunicar con transparencia y honestidad.

No por hacer una performance.

Tan sencillo y tan complicado como esto.

Porque, al final, las métricas vanidosas, demostrar todo lo que sabemos hacer y “superar” a la competencia… es muy tentador.

Tan tentador que, demasiadas veces, nos desvía el foco de lo importante.

 

Pero la elección es fácil:

¿Quieres muchos aplausos y corazones de gente que ni siquiera sabes quien es?

¿O quieres ganarte bien la vida con tu conocimiento aplicado y con proyectos con gente maja?

 

Vamos a pensarlo bien, porque la elección determina los pasos a dar.

En el caso de los aplausos y corazones, lo que hay que hacer es subirse a todo cuanto trend viral haya (como todo el mundo), subir mucha frase de galletita de la suerte (cuantas más, mejor) y enseñar tu “behind the scenes” de persona exitosa con todo resuelto en la vida.

Esta elección, ya te adelanto que es quedarse a vivir en 2015.

Es decir, no tiene mucho más futuro, porque ahora mismo solo satura y aborrece a la gente.

En el caso de querer ganarse bien la vida y conseguir la autoridad necesaria para conseguir oportunidades interesantes… entonces, la estrategia es otra.

 

 

Los principios de esta Nueva Era de las Marcas Personales

 

Estos días ya estuve adelantando un poco sobre esto en mis redes, porque me parece importantísimo: los principios de lo que yo creo que es una Marca Personal de esta Nueva Era de gente que está harta de como “se supone que hay que hacer las cosas”

A estas nuevas Marcas Personales yo le llamo NeoMarcas Personales, porque pertenecen a este nuevo paradigma.

 

Estos son los 3 principios fundamentales:

 

Principio 1: Abrazar los intereses cambiantes 

Tener una Marca Personal antigua y caduca, también pasa por elegir una etiqueta y casarse con ella para siempre.

Ya hablamos en otras FalconNews de que mucha gente somos multipotenciales, y que tener multitud de intereses y estar aprendiendo siempre nuevas cosas, es una ventaja para resolver problemas.

Lo difícil de esto de tener conocimientos múltiples, es que comunicar nuestro trabajo… se complica.

Porque “nos piden” que nos situemos en una etiqueta.

Pero creo que tenemos que dar forma al trabajo que hacemos justo desde ahí, abrazando todas esas inquietudes y curiosidades.

Precisamente para resolver los problemas complejos del mundo de hoy, hacen falta personas que mezclemos conocimiento y unamos los puntos de formas diferentes.

 

Principio 2: Articular un discurso

Para conseguir que lo anterior se entienda (esa mezcla que ofrecemos para dar mucho valor con nuestro trabajo), hay que construir un discurso propio.

Ese discurso es el que va a ayudarnos a abrirnos a nuevas oportunidades laborales y clientes.

Pero ojo, porque al tener intereses cambiantes, ese discurso no puede quedarse estático.

La gracia está en que evolucione contigo.

Además de que, por supuesto, tenga reflexión y profundidad.

Sé que mucha gente se paraliza aquí porque cree que “no tiene nada que decir”.

Pero es que justo este es el problema.

Mientras los charlatanes están ahí fuera llenando el mundo de ruido innecesario, la gente súper competente está paralizada pensando que ya está todo contado.

No, no y no.

 

Principio 3: Conectar con las personas adecuadas

Tener este discurso articulado, básicamente, sirve para que la gente con la que puedas tener feeling, conecte contigo.

No es cualquiera, no es ir a la masa… es darle bombo a ese discurso currado para que la gente que tenga los mismos valores que tú, con la que te vayas a entender trabajando, haga “clic” con lo que dices.

Se identifique, le resuene.

Conecte.

Ahí es donde empiezan las conversaciones interesantes, las relaciones provechosas y, en algún momento, las colaboraciones, los clientes u oportunidades laborales que ni te imaginabas.

De ahí la importancia de tener el discurso y comunicarlo sin postureo ni artificios banales.

Porque, ¿sabes lo que seguro que no hay que hacer?

Hacer copia-pega de refritos.

Creo que sabes de qué te hablo.

Esas publicaciones tediosas que podría ser de cualquiera, que ya lo has escuchado o visto tal cual 1000 veces.

No es necesario contribuir a que haya más ruido.

Ya hay suficiente ruido, ya hay suficientes posts de frases de galletita de la suerte falsamente atribuidas a Einstein.

Qué bueno sería tener un estilo de comunicación propio, que sea natural para ti, cómodo.

No es casualidad que cuando una persona “es de verdad” conecte con la gente mucho más.

Con su estilo, su forma de hablar, que sea lo mismo cuando habla tomando el café que cuando graba un vídeo.

Además de que será súper interesante saber cómo ves tu sector, cómo quieres que cambie y cómo vas a contribuir en él.

 

El resumen es que, ya no se trata de buscar la viralidad vacía y seguir trends.

Buscamos el largo plazo de nuestro negocio, no el éxito fugaz de 2 días.

No el postureo.

No va de llegar a la masa, o de acumular followers… eso ni siquiera tiene por qué traerte un negocio rentable.

El objetivo es conectar con las personas que son acordes a ti, las que comparten tus valores, las que están alineadas con tus ideas y tu discurso.

Si conectas con esas personas, es cuando surgen las oportunidades, los clientes, las colaboraciones interesantes, las propuestas de proyectos chulos.

Todo esto, a la gente multipotencial se nos da genial.

 

¿Te unes al movimiento de las NeoMarcas Personales?

 

 

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Tenía todo listo para hacer un cambio pero… pasaron cosas

Este mes de noviembre ya hay mucha menos gente en mi gimnasio (si comparamos con septiembre).

Toda la multitud que se apunta con ganas de “empezar bien el curso” ya, para finales de octubre, tienen la motivación deshinchada.

Es normal.

Porque los cambios molan.

Proponerse que a partir de ahora “todo va a ser diferente” o que “quiero empezar a hacer xx” o “voy a mejorar yy” es algo que mucha gente quiere (queremos).

Es humano querer evolucionar y da muchas ganas buscar mejorar algo.

Lo dicho: a todo el mundo le gustan los cambios.

Entonces, ¿por qué muchas veces no llegamos a formalizar esos cambios?

¿Por qué a las 4 semanas de darle a las sentadillas tiramos la toalla?

Pues porque, como digo, a todo el mundo nos gustan los cambios, lo que no nos gustan son las transiciones.

Las transiciones son incómodas, están llenas de retos y de peajes que pagar.

El camino tiene sus altos, pero también muchos bajos, momentos en los que decae el ánimo y aparecen  obstáculos que, muchas veces, parecen insalvables.

Es por eso que a la sentadilla número 50, ya no puedes más.

Porque pensar en el cambio mola, pero sostenerse en lo incómodo, no mola nada.

Sin embargo, son los “hacedores” los que normalmente avanzan, no la gente que solamente planifica o sueña en voz alta.

Tiene sentido, ¿no?

Son quienes vuelven al mes, y al otro mes al gimnasio, los que desarrollan masa muscular.

Son quienes mantienen el foco en el camino, los que crean un negocio solvente.

Son quienes comunican con coherencia en lo que creen, los consiguen que cale su mensaje.

 

Es decir, son quienes aguantan las incomodidades del proceso, los que consiguen avanzar hacia los cambios reales.

Todo esto, así en general.

Pero si, además, si hablamos de gente muy inquieta, multipotencial, con muchos intereses y que aprenden de manera constante de 1000 cosas para unir los puntos…

…además, la cosa trae otro hándicap.

Ese bloqueo que nos produce la transición, esa incomodidad que decimos, también viene con el sobreanálisis que provoca pensar que tienen que casarse con una única cosa para siempre.

Que si quiero hacer tal o cual cambio, o pivotaje, es porque va a ser “el bueno”.

Sin embargo, en el fondo, saben que nunca lo es.

Y justo ese es el problema.

 

 

Boda, pero con separación de bienes

 

El tema de tener que elegir algo a lo que dedicarse, ha traído de cabeza a mucha gente.

Esa presión por escoger algo, hace que pensemos que, de hacer un cambio profesional, más te vale que sea “el definitivo”.

Que te decidas de una vez, vaya.

Que te cases con algo.

Porque no tenemos cultura de montar y construir proyectos.

La tenemos de elegir una profesión y tirar con ella hasta el final.

Y es un dilema con el que he estado lidiando en estos últimos meses.

Que llevo un tiempo queriendo apostar fuerte por ayudar a Marcas Personales con su comunicación con tooooodo lo que me he estado formando (y por haber creado la mía en 2009).

Y ese “cambio” (que simplemente consiste en aumentar servicios) me ha tenido rayadísima.

Porque lo habitual no es que cambiemos, o evolucionemos y ya veremos qué nos trae ese camino.

Lo más frecuente es pensar que nos vamos a meter en una de esas transiciones incómodas para empezar de cero.

Y que, luego, a ver cuánto te dura antes de interesarte por otra cosa, o meter otro servicio, o cambiar totalmente de tercio.

Porque todo lo vemos como forzarse a casarse con algo con lo que no podemos decir con certeza que será el amor de nuestra vida.

Es no creer en los “para siempres”.

Tener miedo a meternos en todo ese trabajo para que al final nos “vibre” otra cosa.

Buscar ponernos una etiqueta que nos va a picar en el cuello.

 

Y, en todo esto, he encontrado algo que sí me ayuda a navegar en la incomodidad generada por no querer casarme con nada:

El hecho de que, cuando hablo de lo que hago ahora mismo, digo “me dedico a xxxxx” y, dentro de mi cabeza, me digo “de momento”.

El demomento me reconcilia con los cambios, con las transiciones y con mi manera de ser.

Con el hecho de que hoy estoy construyendo algo que, para mí, tiene todo el sentido, pero que durará mientras tenga que aportar en ese ámbito y haya gente interesada en que le ayude.

Es algo que me da paz porque me lleva a legitimar mis intereses y mi propia evolución.

Porque es justo eso, no es empezar de cero, nunca lo es.

Es evolucionar.

Apostar por tus ideales.

Avanzar.

Y eso, es así… de momento.

 

 

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¿La vida te supera? A mí también

Siempre he sido bastante antisistema.

Por antisistema, me refiero a ir mucho a mi bola tratando de que no me afecte demasiado lo mal que funciona el mundo.

Tratar de que la presión social no me gane.

Y, sobre todo, tratando de no traicionarme a mí misma y a mis ideales.

Aunque, muchas veces, implique ir a contracorriente, como un jodido salmón.

Pero, ha llegado un momento en el que me siento cansada de cómo funciona el mundo.

Un mundo en el que hay que producir para los algoritmos y para las métricas.

De una vorágine desproporcionada de información y fake news.

Con un foco absoluto en el consumo de basura pro-dopamina.

El hartazgo es real.

Esta es una percepción que no solo me está pasando a mí, sino también a mucha gente que quiere sacar adelante sus proyectos con la mejor de las intenciones y aportando mucho valor.

Esa gente, al igual que yo, no queremos ser virales, sino que queremos crear algo interesante y valioso para otras personas.

No “interesante” como para que un algoritmo lo mueva.

No sé tú, pero yo no quiero ser esclava ni de un algoritmo ni de nada.

Ni que mi trabajo acabe siéndolo sin darme cuenta.

¿Qué me ha pasado entonces?

Que me estaba costando un poco encontrar el equilibrio entre crear algo genuino vs producir para el capitalismo.

Súmale a esto esta movida que tenemos la peña multipotencial de estar uniendo puntos todo el tiempo, tratando de procesar un montón de información sin parar.

Con esa capacidad, que es una bendición para muchas cosas, esta saturación constante, no nos beneficia en absoluto.

Pasamos de estar en modo aprendizaje y exploración a modo saturación que bloquea.

A tener el Mono Dispersor de nuestra cabeza dando botes a todo lo que da 🙊

Queremos salir a explorar y a aprender para sumar valor a nuestro trabajo y a cómo comunicarnos con nuestra marca personal, pero acabamos con saturación extrema a los 5 minutos.

Porque vivimos en un mundo que te atiborra a consumo para que ni pienses ni sientas demasiado.

 

¿Cómo vas a crear algo interesante si tu energía mental está pensando en cremas anticelulíticas o en valorar si cambio ya de coche o no?

¿Cómo vas a trabajar en proyectos que te llenen si estamos inmersos en un consumo que no fomenta el pensamiento crítico?

 

Tampoco está todo perdido… Creo

 

El mes pasado, en el Club privado, hablábamos del tema de la Visión.

Y el grupo llegó a una conclusión muy interesante, que es que, a veces, las personas que emprendemos, o que queremos crear proyectos que tengan un impacto positivo, tenemos una especie de presión por “salvar el mundo”.

Lo cual es paradójico porque, pudiendo aportar a este cambio con nuestro trabajo, esa presión nos bloquea hasta el punto de que no creamos lo que nos gustaría ni todo lo que nos gustaría.

La saturación es real, y pretendamos cambiar el mundo o no, la gente con tantas inquietudes como nosotros/as necesitamos que haya un desbloqueo mental que nos permita crear, fluir con nuestras propias ideas, investigar y hacer nuestros experimentos.

Salir de la saturación hacia el pensamiento crítico.

Dejar de estar adormecidos y buscar un equilibrio entre la exploración incansable y el consumo de información (a pesar de que justificamos esto como algo productivo) y subirle al pensamiento crítico y a la experimentación que te saque del bloqueo.

 

Así que quiero compartirte algunas cosas que a mí me están ayudando a encontrar (poco a poco) este equilibrio:

Seleccionar fuentes primarias. Si quiero saber de la filosofía de Byung-Chul Han, me leo su libro, mejor que verme reels con refritos de otros reels hablando de lo que (supuestamente) dice este señor. De esta forma, yo misma puedo usar mi criterio y sacar mis conclusiones propias

Seleccionar y acortar estas fuentes. Debido al punto anterior, no queda otra que seleccionar muy bien las fuentes, libros y artículos con las que voy a investigar y aprender para un proyecto concreto. Que esto sea algo finito, me obliga a ser súper selectiva, pero poder ir a lo profundo de los temas

Plantear proyectos únicos. Últimamente me está ayudando mucho meterme durante (por ejemplo) una semana entera en un proyecto concreto (como Youtube, o cambiar la web) y poner foco absoluto en eso, en lugar de estar yendo a los poquitos en muchas cosas a la vez. A mi Mono Dispersor no le gusta, obviamente… y yo feliz

Tener un espacio de creación. No me voy a extender en esto, porque ya hablé en FalconNews anteriores sobre este tema, pero básicamente es tener un lugar “sagrado”, por pequeño que sea, para trabajar sin distracciones

 

En mi pequeña cruzada a favor de crear Marcas Personales con sentido (sin pretensión por cambiar el mundo, ejem ejem) y que los perfiles multipotenciales no sientan que tienen “algo de malo”, sino que sus capacidades son más necesarias que nunca…

… puedo decir (y digo) que quizás no estemos cambiando el mundo de la forma estruendosa que se espera, pero siempre he creído que se pueden hacer grandes cosas desde lo pequeño, que nosotros/as nos podamos sentir realizados/as ayudando y aportando a otras personas con los mismos valores e ideales.

¿Qué puede haber más poderoso que mucha gente competente alineada con esto?

¿Qué puede ser más útil que el hecho de que nos desbloqueemos de una vez y comencemos a crear y a comunicar desde nuestro criterio propio?

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“Seguir tus sueños” daña tu Marca Personal

Tenemos esta tendencia de engrandecer historias de gente que “ha seguido sus sueños”.

Suena épico, tiene cierto romanticismo… pero si lo pensamos bien, puede ser un poco engañoso.

Porque nos quedamos con la llegada a la meta, pero no con todas las fases anteriores.

Solo se valora el final de la película: la persona que lo logró, que llegó a la meta, que “lo consiguió”.

Lo que no vemos son las escenas que no se metieron en el largometraje: los intentos fallidos, las noches de dudas, los proyectos descartados y los tropiezos que forman parte del proceso real.

Sin embargo, ¿cuántas veces hemos escuchado el mantra de “sigue tus sueños” en plan cuento de hadas?

Lo vemos en discursos motivacionales, en campañas de publicidad y en posts que se comparten sin parar en redes.

Pensamos que esa gente está tocada por la inspiración divina, que tienen la suerte de tener una voz en la cabeza que las guía.

 

Que un buen día dan el pelotazo, y a vivir.

Que eso les sale natural, que es fortuito.

Que, quizás, nacieron con esa inspiración.

 

Muchas veces, que alguien haya llegado a un lugar que deseaba, responde a muchas variables y muy concretas que se estaban dando.

Muchas veces, incluso desde el privilegio.

De estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado, con la persona adecuada.

 

Pero, muchas otras veces, no es casualidad, ni es inspiración divina, ni es un momento único de lucidez.

Es un proceso de muchos días, meses, o años de trabajo estructurado, foco y decisiones, en los que la inspiración puede aparecer (o no).

Pero parece que buscar una estructura o rutina donde pueda crearse a largo plazo algo interesante, le quita épica y romanticismo.

A lo que voy es que esperar a un momento de lucidez, o la inspiración divina para “seguir tus sueños”, no es fiable.

Esperar para dar un pelotazo, mucho menos.

Tampoco lo es ponerse por objetivo un ideal difuso llamado “sueño”.

Lo engañoso de todo esto, como es habitual, es centrarse en el resultado (el sueño cumplido) y no en el proceso, en el día a día.

 

La propuesta: construir un marco vital

 

Veo una clara diferencia entre seguir tus sueños como algo lejano y abstracto y la alternativa de construir un camino de forma consciente.

Ladrillo a ladrillo.

Dentro de esa última opción, para mí, entra la idea de construir un Marco Vital que sea coherente conmigo y esté alineado a mis valores.

Ese marco, creo que debe ser propio, que cada persona debe plantearse cómo le gustaría que fuese un miércoles cualquiera.

Es algo con lo que defines el estilo de vida que quieres tener.

De esta forma, no te centras en conseguir “el sueño” sea como sea, sino que construyes un día a día en el que sientes esa realización personal.

De alguna manera, sientes que estás en un camino escogido por ti.

Llegue “el sueño”, no llegue, o llegue algo mejor.

Sino, harías algo que daña tu marca personal mucho: pensar que no tienes nada que decir porque “no has llegado a ese sueño”.

Cuando sí tienes mucho que decir, porque “estás en un proceso de construcción, aprendizaje y estás ayudando a otras personas también”

En mi caso, ese marco vital lleva por bandera preservar mi libertad creativa.

Al menos gran parte de ella.

Hacer mis investigaciones, plantearme retos y crear mis proyectos.

Esto es muy propio de las personas multipotenciales, que necesitamos esa parcela grande de exploración de intereses propios.

Aquí van algunas premisas que sigo a diario, para crear (y mantener) ese marco vital.

 

Se trata de cultivar 3 espacios:

 

➡️ Espacio mental

Empiezo por el difícil, que es tener espacio disponible en la cabeciña para poder pensar.

Parece tonto, pero es fundamental, porque si dedicamos mucha energía a temas de lo más variado y, aun encima, no recuperamos, es que literalmente no tenemos hueco para pensar con claridad en nada.

Es una sensación de estar permanentemente abrumado/a que te imposibilita hacer cualquier cosa.

 

➡️ Espacio en la agenda

Para que nuevas cosas entren, hay que hacer sitio, así que viejas cosas deben irse.

No hablo de tener una organización de 10 (esto, es otra cosa) sino que, de la misma forma que el número de horas del día es finito, el número de cosas que podemos hacer, también lo es.

Puede ser frustrante, pero por más que nos forcemos a meter nuevas cosas en la ecuación, debería ser cosa que entra por cosa que sale.

Como los jerséis en el armario.

 

➡️ Espacio físico

Al igual que la agenda, el espacio donde trabajas es un reflejo de tu caos mental. Tenerlo ordenado, con todo lo necesario a mano, pero sin llenarlo de cosas innecesarias, está unido con la claridad mental.

En mi caso personal, además, sé que me viene mucho mejor (porque fluyo más y voy más rápido) trabajar en papel muchas cosas, antes de pasarlo a digital.

Por ejemplo, los post de redes, o este mismo newsletter, normalmente siempre desarrollo sus partes en un cuaderno antes. Para cuando lo digitalizo ya es para acabar de desarrollarlo y dejarlo listo para publicar.

 

Estos 3 espacios me permiten crear mis experimentos, compartir aprendizajes con la gente y, por supuesto, ayudarles mejor porque yo también hago mejor mi trabajo.

El mito de “seguir tus sueños”, que te centra en el resultado, te pone a esperar a esa inspiración divina mientras tiras con “empeño borrico” pero sin estructura y, mucho menos, disfrute.

Es tirar y tirar.

Porque “el sueño vale la pena”.

Mientras, te sientes muy loser, porque no has conseguido “nada”, solo partirte los cuernos.

Y, sin la épica, ¿qué tienes que contar? 

El daño que hace este relato en tu marca personal, está claro: crees que, como no has conseguido “tu sueño” no tienes potestad para estar ahí fuera hablando de nada.

Que, como mucho, si quieres hablar, tiene que ser como que parezca que sí llegaste.

Ponerte una careta y tirar.

Y eso es lo que me chirría y lo que creo que hace flaco favor a cualquier Marca Personal.

Es de las cosas que hace que sean de mentira y que la gente no encuentre nada de valor ni de conexión en muchas de ellas.

Es una pena, porque sí creo que muchas personas serían muy interesantes y sus contenidos muy valiosos si no se dejasen llevar por este mecanismo.

¿Qué tal si creamos ese Marco Vital y nos centramos en aprender y ayudar HOY?

 

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Las Marcas Personales no funcionan por ESTO

Las Marcas personales, como las conocemos hasta ahora, tienen un recorrido muy corto.

Lo de seguir estándares de ponerse etiquetas y tratar de forzar una imagen (muy producida) de lo que no es.

Seguir esos mandatos solo pueden llevarte a formar parte del ruido predecible.

Entonces… ¿cuál es la alternativa?

 

Para plantearla, hagamos primero un repasito por la historia de la Marca Personal:

 

🎱1997 – 2008: Se acuña el término “Marca Personal”

La primera vez que se habla expresamente de marca personal, es el 1997 en este artículo. La invitación era clara: trátate como si fueses Starbucks o Nike, no hay ninguna diferencia.

Se empezaba a hablar de personas brandeadas como productos.

 

💻2010-2015. Deja tu trabajo, y emprende

Estos años fueron encabezados por gente como Tim Ferris y su “semana laboral de 4 horas”, o Gary Vee con su “hustle culture”.

En este momento, la recomendación para tener una marca personal fuerte, era que había que ser polémico y ser el primero, ya que era un momento con poca competencia.

Fueron los años gloriosos de los infoproductos tipo ebook descargable.

 

💎2016-2020. La época de los negocios perfectos

Emergen muchos grandes gurús con sus métodos para “guiar” los pasos del común de los mortales. Grant Cardone, Marie Forleo y el mismísimo Tony Robbins cogen mucha tracción. Y, después, toda la gente que les imitaba.

Lo predominante en los contenidos en redes eran consejos, tips, “3 formas de conseguir…”, “cómo lograr…”, porque cada cual tenía que poner en valor su método.

Esta fue la época dorada de los cursos online grabados.

 

🤧2020-2025. La performance a la enésima potencia

En un tiempo post-pandemia, en el que la gente se empezó a cansar de la perfección de los gurús y de recibir “consejos” hace su aparición la autenticidad.

Se acabó sistematizando ser vulnerable, como si estar en un momento difícil y darle a “grabar” fuese real. Empezamos a ver la autenticidad como postureo.

A nivel producto, aquí predominan los programas grupales con sesiones de preguntas en vivo.

 

Vale, visto todo esto, ¿qué nos espera de 2025 en adelante?

Con los pies puestos en el último tramo de 2025 (¿te has dado cuenta de que solo faltan 4 meses para que acabe el año?) ya podemos hablar de un nuevo contexto que está haciendo chup chup:

👀 Para empezar, desde que en la pandemia mucha gente se dio cuenta (por fin) que el futuro está en lo digital. Como muchos se subieron al carro, ahora la competencia es mucho mayor y el espacio digital está petado hasta los topes

👀 Dentro de ese boom, a estas alturas, y a base de dar la matraca (aportando valor o lavando cerebros, eso da igual) hay mucha gente que se ha ido consolidando y que, por lo tanto, está bendecida por los algoritmos

👀 Para consolidarse, algo que se hizo (especialmente en la época pre-IA) es copiar sin vergüenza ni pudor, apropiarse de ideas ajenas sentando cátedra. Lo que viene a ser regurgitar ideas y refritos ajenos

👀 Ya ahora, con la IA en todo su esplendor, de democratiza la mediocridad y se propagan (en ingentes cantidades) los contenidos insulsos, vacíos y, precisamente, artificiales

A todo esto, hay que sumarle que pretendemos continuar con todo lo anterior también:

🙄 Ingentes cantidades de contenidos, como en 2010
🙄 Mostrar que somos personas de éxito, como en 2016
🙄 Postureo de la autenticidad, como en 2020

Lo quiero todo, papi.

Así que, solo nos queda preguntarnos… ¿dónde voy a encontrar yo mi sitio dentro de este panorama?

¿Cómo creamos una Nueva Era donde podamos realizarnos y cumplir nuestros objetivos con nuestra Marca Personal?

 

La Nueva Era será humana, o no será

 

Lo que yo creo que viene en esta próxima Era, será negado por las personas que prefieren llevar una línea continuista con todo lo anterior.

Pero, personalmente, creo que eso está caduco.

Cuando la gente se vaya cansando de la saturación de ruido (hecho con IA o no) y de la explosión de “negocios perfectos” va a buscar integridad, coherencia y reflexión.

Si imaginamos un péndulo que se mueve entre la reflexión profunda y lo superfluo, ahora estaremos en el camino de regreso de ese péndulo que está del lado de la superficialidad ahora mismo.

 

Esto es lo que creo que está por venir (y de verdad espero que así sea):

🔥Para empezar, una marca personal debe tener objetivos a largo plazo y apostar por ellos para que sea sostenible. Hasta ahora, había mucho movimiento en busca de la viralidad, la fama rápida y el dinero fácil. Si se busca que perdure el efecto el el tiempo… No va a funcionar

🔥La gente está empezando a valorar el fundamento de lo que se escucha por ahí. Por eso se dará más importancia que nunca a la investigación que hagas, a tu proceso de creación y, en general, que la gente que esté formada, informada o que comparta sus experimentos y experiencias

🔥Los discursos propios y reflexionados, tendrán un mayor peso. No es que la superficialidad no vaya a tener cabida, es que muchísima gente va demandar la profundidad. Aquí, los formatos largos tendrán su momento de auge (vídeos largos, podcast, posts…)

🔥Por último, la parte humana tiene que respirarse, no esa performance de autenticidad fake (qué paradójico esto…). Igual es el momento de dejar de lado tanto artificio y ese esfuerzo de querer mostrar (o demostrar) logros monetarios o materiales. Lo que viene a ser hablarnos de tú a tú y de igual a igual

El resumen sobre las Marcas Personales de esta Nueva Era, es que falta mucho pensamiento crítico y sobra superficialidad.

Y que falta mucha comunicación real y sobra postureo.

Así que, toca decidir en qué lado del péndulo queremos quedarnos.

 

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Internet moldea tu identidad (para mal)

Scrolleamos varias horas al día en redes sociales.

Cada día.

Seguro que hoy ya lo has hecho en algún momento.

Dime la verdad: ¿recuerdas las cosas que has visto?

Probablemente, no te hayas quedado con todo.

O con casi nada.

Pero el algoritmo, sí.

Y, con toda esa información, de forma muy sibilina, va guiando nuestras opiniones, gustos, decisiones y, por supuesto, compras.

Lo que se consigue no es solo falta de atención, o falta de paz mental (hello, ansiedad).

También empieza a ser falta de personalidad.

Ya no es solo no poder estar a solas en silencio, o no tener la capacidad de esperar tranquilamente, sin móvil, sea en la cola del súper o en la sala de espera del dentista.

Es un tema de ya no sabes qué te gusta A TI, o que te llama la atención genuinamente.

En lugar de seguir nuestra curiosidad natural, esperamos a que otra gente nos diga qué hacer.

En lugar de explorar nuestros gustos, esperamos que nos compartan “que se lleva ahora”.

No tenemos momentos de tranquilidad donde nos funcione la cabeza como para crear nuestros proyectos, porque cada vez es más difícil encontrar esa tranquilidad sin un “paso a paso”.

Ah y, por favor, que me lo digan en 2 minutos y muy masticado.

Con lo cual, en lugar de crear y de hacer tu movida, te comparas e intentas modelar a alguien para tratar de hacer exactamente lo mismo.

Que, por cierto, ese alguien a su vez habrá modelado a alguien y, así, hasta el infinito.

Internet y las redes sociales han creado una Cámara de Eco, ese lugar donde nos exponemos a mensajes y contenidos que solo confirman y refuerzan unas mismas creencias.

Nos limitan a abrirnos a nuevos puntos de vista diferentes, complementarios o, en general, a explorar nuevos horizontes.

Ese es el peligro real del reduccionismo y de lo que se alimenta la polarización y la radicalización extrema.

Y eso, va dando forma a nuestras identidades, nuestras (supuestas) aspiraciones y, como no, a nuestras Marcas Personales y cómo queremos “vendernos” en internet.

 

Internet, es como Hacienda

 

Porque internet “somos todos” y, a la vez, no es nadie.

Antes, era un espacio libre y accesible a cualquiera.

 

¿Recuerdas cómo era escribir en un blog y que la gente a la que le gustaba entrase a leer tu nuevo post?

¿Recuerdas como era publicar en una red social y que a tus followers les saliese eso que compartías?

 

Ese mundo, ya no existe.

Internet ya no es ese lugar practicable y democrático.

Concretamente, las redes sociales, hacen que exista la dictadura del algoritmo y que la gente que no puede (o no quiere) pagar, directamente, se queda fuera.

Porque es un juego con otras normas, en las que prima el reconocimiento o los recursos económicos y se premia el contenido enlatado para el consumo de masas.

Que solo es válido un cierto tipo de identidad… y esa es el que se modela.

Clones de clones.

La llave del cambio está tanto en quien consume, como en quien crea contenidos.

Como personas consumidoras, tenemos en nuestra mano curar qué vemos, leemos y compartimos.

Es como saber usar bien tu dinero, pensar qué tipo de productos compras y qué valores tiene esa empresa.

Un poco lo mismo, pero en lugar de tu dinero, dónde pones tu atención.

A quién apoyas.

Como personas creadoras de contenido, crear publicaciones acordes a una Marca Personal con un discurso claro, con un punto de vista enriquecido y con cierta profundidad.

Que reflejen tu visión, que comparta tu propuesta con ilusión.

 

También, asumamos algo: crear algo importante implica que sea lento y aburrido.

La profundidad es una apuesta a largo plazo, pero yo creo firmemente en crear un contexto más reflexivo.

No soy una ingenua: sé que todavía somos una minoría quienes reclamamos y nos proponemos hacer (y consumir) cosas con cierto sentido.

Pero esa minoría estamos ahí fuera, y nos tenemos que ir encontrando.

Y eso no va a pasar si cada cual está en su casa por separado rompiéndose la cabeza con estos temas.

Así que apoyemos con nuestras acciones lo que consumimos y vamos a crear Marcas Personales y proyectos fuera de esa Cámara de Eco que nos polariza.

 

 

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Marcas Personales que convierten personas en productos

Internet se ha convertido en un gran funnel de venta donde todo el mundo te grita todo el tiempo para que hagas clic en algo.

Al final, las redes pasaron de ser un lugar de conectar con amistades o con gente interesante, a un lugar de consumo y culto.

Consumo, porque a base de ver “vidas ideales” compramos cosas que nos acercan a esa idealización. Por supuesto, desde lo fácil, que es por ejemplo tener ropa que sigue las micro-trends o invertir en la criptomoneda de moda.

Y culto, porque dentro de esa idealización a gurús e influencers, delegamos nuestras decisiones en esas personas e, incluso, usamos su prisma para ver el el mundo.

El planteamiento actual de Marcas Personales que venden cosas en internet, pasa por convertir a personas en productos.

Productos que venden productos.

La consecuencia, empieza a ser clara: nos dedicamos a consumir gente.

Y, esa gente, tiene que empaquetarse (a sí mismos/as) como algo “apetecible”.

Para que sea apetecible, se debe cumplir con 2 cosas:

💀Que el ejemplo viviente de esa Marca personal en cuestión suene a un escenario idílico con pocos (o ningún) problema. Y, si los tiene, que los haya superado con el éxito de quien se ha hecho a sí mismo/a

💀Que sea de consumo digerible, a ser posible bastante reduccionista para que todo se quede en mensajes simples y rápidos

 

Ahí es donde, quien está al otro lado de la pantalla, va idealizando la realidad del gurú (desde la distancia con esa persona) y aumenta el deseo a consumir, a proyectarse en ese relato, porque toca puntos superficiales pero efectivos.

Con este panorama, ponemos la oreja en el exterior, con esa actitud de consumo, muy lejos de querer investigar por nuestra cuenta y usar nuestro pensamiento crítico. Nos volcamos a que alguien nos diga “qué hay que hacer”.

Como buscarse un jefe sin necesidad.

Cualquier cosa menos sentarnos a crear nuestro propio proyecto y comunicarlo con transparencia.

Porque estamos tan contaminados/as que eso cuesta.

Porque creemos que tener una Marca Personal o un negocio online pasa por crear producto con un envoltorio artificial y perfectamente etiquetado.

Facilito de consumir por otra gente, por supuesto.

Es como querer verte a ti mismo/a en una estantería de supermercado: quieres “seguir siendo tú” pero encajar al máximo con los “productos” de tu género.

Cosa que nos deshumaniza, nos quema y solo genera más ruido ahí fuera.

Sin embargo, dentro de esta realidad, las 2 neuronas que nos quedan vivas ya están lanzando un grito de auxilio.

Ya no se sostiene este ciclo de

yo consumo e idealizo – intento replicar y productizarme tal cual – veo que es lo que hace todo el mundo – me diluyo en la masa – vuelvo a consumir…. y empieza un nuevo ciclo.

Estamos cansados/as de esta dinámica, y se nota.

Es un aburrimiento profundo, la misma decepción que te produce comerte una bolsa entera de bollos de supermercado: al principio te puede apetecer mucho, pero cuando acabas de tragar todo, te queda una especie de vacío que hace que te sientas fatal.

 

Qué hacer para no auto-productizarnos

 

En lugar de querer empaquetarnos en un tarro genérico (aka “posicionarnos”) para pretender llegar a la gente desde ahí, yo propongo trabajar en ser líderes de pensamiento.

Básicamente, como yo lo veo, estas personas cumplen con 4 características:

➡️ Tienen una con la que cuestionan su sector y el contexto actual

➡️ Mantienen una actitud de aprendizaje continuo que, luego, aplican a sus experimentos para proponer soluciones y nuevos marcos de pensamiento

➡️ Sacan sus propias conclusiones y guían en la reflexión de un tema concreto

➡️ Tienen inquietud por compartir y abrir conversaciones enriquecedoras

Pero claro, para conseguir esto de ser líderes de pensamiento, necesitamos más momentos para crear, investigar y comunicar, mostrando que hay una persona real detrás del teclado.

Seguro que los mejores momentos de tu vida laboral no los pasaste consumiendo delante de una pantalla haciendo scroll, sino haciendo algo que te llenaba, creando algo importante para ti.

Como consumidores/as sentimos cansancio extremo a ruido repetitivo y a refritos simplones.

Necesitamos líderes de pensamiento que le den una vuelta al status quo y compartan otros puntos de vista.

Discursos con profundidad y reflexión que nos nutran.

La Marca Personal es mucho más que un logo, unos colores y encasillarse en una etiqueta estanca.

No es productizarse.

Es tener un discurso y un storytelling con el que transmitir tu mensaje.

De conectar con las personas adecuadas (aquellas con las que te gustaría trabajar) para ayudarlas de verdad a resolver su problemas o a montar proyectos interesantes.

Porque hay otra forma de ganarse la vida online que no es estar gritando 24/7 “compra ahora, sino serás un loser”.

Una forma que no es tan cansada, aburrida y llena de presión.

Esa forma pasa por investigar, crear y conectar desde tus ideas.

Pasa por la profundidad y la reflexión.

Quizás con esa forma, te seguirá menos gente y tu ego te odie por eso.

Pero te seguirá la gente adecuada.

Quizás con esa forma, tendrás que trabajar más tu discurso, porque no serás un producto andante.

Pero tendrás una Marca Personal humana y de verdad.

 

Ya sé que el resto del mundo tiene que identificar y entender qué hacemos.

Pero no con una etiqueta, sino con un área en la que quieras ayudar.

 

 

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Hablemos de reinventarse cuando todo está en tu contra

Sobre lo que nos cuesta a la gente multipotencial explicar lo que hacemos, por el hecho de mezclar muchas cosas y tener 1000 intereses, ya hablé en el FalconNews anterior.

Cargar toda la vida con el lastre de que “tienes que elegir” algo, pero no ser capaz de acotar (y no querer) se hace muy pesado.

Sobre todo porque esa habilidad de hacer mezclas, es más necesaria que nunca en un mundo en el que los problemas a los que nos enfrentamos son jodidamente complejos y tocan (precisamente) muchas cosas a la vez.

El caso es que aún se puede rizar el rizo más: el lastre es peor cuando quieres reinventarte.

Porque sí, quizás has elegido algo con lo que tirar, y te has puesto una etiqueta.

Pero, luego, esa etiqueta llega al fin de su recorrido porque tú has evolucionado, y ya haces más cosas.

Toca “un cambio”.

Y, dentro de ti (y de mí) está tan arraigada esa idea que siempre nos han dicho de “que te decidas”, que no está bien “ser una veleta”… que, claro, cuesta tomar esa decisión.

Porque piensas que hay algo de malo en ti.

 

 

Si Reinventarse lleva mucho lastre, vuela como Madonna

 

Yo lo tengo más o menos medido: cada 3 años hago una reinvención.

Es lo máximo que me dura un tema.

No necesariamente tengo que cambiar 100% de tercio, pero sí enriquezco mi enfoque, o mezclo más disciplinas o temas distintos.

Me gusta enfocar este proceso como si yo fuese Madonna.

No me estoy flipando, stay with me.

Te explico.

Veo mi vida profesional (y, por lo tanto, personal) como por temporadas.

La temporada 2025/2026 estaré haciendo “tal cosa” con “tal mezcla de temas”, pero no sé qué haré en la 2026/2027.

Y ese es el enfoque de Madonna (y de muchos artistas de todo tipo): que en un disco es más pop, en otro todo es más étnico, en el siguiente es más tecno…

¿Por qué el resto de profesionales no podemos hacer lo mismo?

Ya sé que el resto del mundo tiene que identificar y entender qué hacemos.

Pero no con una etiqueta, sino con un área en la que quieras ayudar.

 

Por ejemplo:

Etiqueta: crossfit

Área: deporte

Desde “deporte” puedes reinventarte las veces que quieras, añadir, cosas, desarrollar un discurso propio y asentar unas premisas de trabajo que resuenen con cierto tipo de público.

Como Madonna, que hace música, pero en cada disco explora un género musical (o mezcla de varios) y la gente está deseando ver qué mix ha hecho esta vez.

 

A nivel de tu entorno, reinventarse, tiene ese punto de que causas nerviosismo a otras personas.

La gente te había puesto una etiqueta y te había metido en una caja concreta y, de repente, eres algo “incierto” que tiene que volver a etiquetar.

Eso causa muchas molestias e inseguridades en sus cabezas.

 

A nivel social, reinventarse parece que lleva asociado una característica de “fracaso”.

Como lo anterior que hacías no lo llevaste hasta el fin de tus días, quiere decir seguro que no te salió bien o que no funcionaba.

Sino, ¿por qué querías cambiar?

Sí, puede haber un componente de que las cosas no salieron como esperabas pero, independientemente de esto, es como si las personas no tuviésemos derecho a evolucionar, a cambiar intereses, o a ver el mundo desde otro prisma.

 

Y, a nivel sistémico, interesa tenernos ordenaditos y convencidos de la caja a la que pertenecemos. Sí, elije una caja “libremente” pero trata de quedarte en ella, a ser posible hasta que te vayas para la caja de pino.

 

Reinventarse no debería ser doloroso.

Deberías ser motivador e ilusionante.

Si es doloroso o se hace cuesta arriba, seguro que es por todo ese lastre social.

Es por tener que elegir y no funcionar como Madonna.

 

 

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Me siento una inadaptada

¿Te pasa que en tu trabajo mezclas varias cosas para ejecutarlo?

¿Te pasa que, además, es complejo explicar exactamente a qué te dedicas?

¿Te pasa que, además, haciendo eso, te sientes un poco impostor/a?

 

En la Antigua Grecia, no había disciplinas separadas como las conocemos hoy en día.

Solo había 2 divisiones para el conocimiento: la ciencia universal y la filosofía.

La división de los temas de estudio no llegó hasta 1543 cuando con Copérnico empieza toda la movida de la Revolución Científica que finaliza en 1632 con Newton y sus cositas con la gravedad.

Hasta ese momento, ser un polímata que le da a todo, como Leonardo da Vinci o Miguel Ángel, era posible.

Pero, luego, ya había etiquetas concretas para formarse en cosas: en física, en literatura, en biología, en historia…

Así que, poco a poco, no solo se fueron etiquetando las disciplinas, sino también a las personas.

En el S.XX la cosa se especializa más aún, uniendo los temas de 2 en 2: biotecnología, psicopedagogía o electroquímica.

Es la etiqueta de la etiqueta.

El culto a la hiperespecialización empezaba a germinar.

Con ello, las personas se iban metiendo en cajas bien etiquetadas y fácilmente identificables.

El problemita es que a mucha gente le irá estupendo especializarse en algo, pero “los Leonardos” y los “Migueles Ángeles” seguían estando ahí fuera.

Sí, todavía existe la peña con múltiples inquietudes que hace sus mezclas de disciplinas para conseguir mejores resultados.

Y, con el tiempo, esas personas empezaron (empezamos) a pensar que había un problema con ellas porque o no sabían elegir carrera profesional o, si la elegían, no sabían explicar qué hacen de una forma concreta.

Hemos tenido una educación basada en hacer y seguir “lo que está bien”.

Pero no lo que está bien para ti.

Lo que está bien según unos dogmas establecidos que conviene que sigamos.

Nos dicen muy pronto, muy jóvenes, que “elijamos caja”.

Que elijamos y que nos casemos con ella para siempre.

Que es necesario precintarnos con una etiqueta.

Sí, elige “libremente”… pero elige.

Y “libremente” va entre comillas, porque también hay disciplinas que, por supuesto, están mejor vistas que otras.

Nos meten muy pronto en un sistema encajonado y limitante, para que lleguemos a pensar que “esto es lo que hay”.

Es un poco como el mito de la caverna de Platón. Solo que cambian la cueva por pupitres.

Desde ahí solo te queda asociar tu identidad a tu profesión, así que más te vale que sea algo de prestigio, o “con salidas” o que, como poco, aporte cierta seguridad, ya que tu autoconcepto (tristemente) dependerá de ello.

Con este panorama, volvemos a esos “Leonardos” (aka multipotenciales) que nos quedamos por ahí sueltos sin resonar con nada en concreto y con todo a la vez.

Esa sensación de ser alguien que no encaja en ninguna parte, no es algo que se lleve bien.

 

 

De ser gente inadaptada a tener el mando de la Play

 

Para sorpresa de nadie, el mundo después de 2020, es otro.

Que en 5 años más, va a ser otra movida diferente a lo que es hoy, tampoco es descubrirle la pólvora a nadie.

Los problemas que tenemos que resolver hoy, tienen que ver con temas, tipos de personas y contextos que nunca antes se habían visto.

No solo los problemas son otros, sino que hay que resolverlos con el tren en marcha.

Con este percal, las personas que se hayan especializado mucho en un tema concreto, claro que serán muy necesarias para resolver problemas de áreas muy específicas. Como siempre.

Peeeero, para resolver problemas que engloban muchos puntos y que son transversales a la vida de una persona, a una empresa, o al planeta… Hacen falta perfiles multipotenciales que tengan esa visión global de las cosas.

Que vean una situación como “un todo” y no como áreas estancas separadas.

Las personas multipotenciales somos más necesarias que nunca.

 

Ya no sirve solamente revisar tu problema de estómago de forma aislada.

Igual es que también hay que ver cuánto cortisol generas por tu gestión emocional.

 

Ya no sirve solamente querer incrementar ventas en el departamento comercial.

Igual es que también hay que mejorar los problemas de comunicación internos.

 

Esa visión global que da la mezcla de disciplinas y la apertura de mente, es de un valor incalculable hoy en día.

Y, en cambio, nosotros/as pensamos que tenemos algo averiado por no saber etiquetarnos.

Nos apocamos porque no sabemos explicar qué hacemos en una sola línea.

Queremos tener una marca personal bien posicionada, pero pensamos que, para eso, hace falta castrarse y renunciar a muchas de nuestras facetas.

Pensamos que “hay que elegir” y conformarse.

Pues no, no hay que elegir.

Lo que hay que hacer es usar toda esa energía que se gasta en tratar de encajar, para montar proyectos y marcas personales con un discurso potente, resolver problemas importantes y, sobre todo, saber comunicar desde esas mezclas y curiosidad propia.

En un mundo en el que las IAs van a mecanizarlo todo, las personas que podemos llegar a sitios nuevos a base de unir puntos aparentemente separados, tenemos las de ganar.

Tenemos la oportunidad de construir, por fin, algo nuevo.

Una Nueva Era de proyectos, marcas personales y negocios prometedores y valiosos.

Dejemos de ver esas cualidades como un lastre, y usémoslo como la virtud que es.

 

 

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