Cuenta la leyenda, que los alquimistas de la Antigua China que buscaban la inmortalidad, mezclaron nitrato de potasio, azufre y carbón.
Con ese mix, no encontraron la inmortalidad… pero, sin querer, descubrieron la pólvora.
El pasado mes de diciembre, publiqué un reel en mi Instagram, uno como cualquier otro.
Y, ese vídeo en particular, sin yo pretenderlo, se hizo viral.
Se ve que los caminos del algoritmo son inescrutables, porque aún es el día en el que no tengo ni pajolera idea de a qué se debe tal pelotazo.
Como los señores alquimistas.
Todo ello, la misma semana en la que publiqué otro reel diciendo que no pongamos el foco en hacernos virales, que lo pongamos en conectar con las personas adecuadas.
Pues el Instagram, básicamente, me dio un chancletazo en la boca.
Tuve esta conversación con él, en la intimidad:
Instagram: ¿Ves, Falcón? Ahí lo tienes, un post viral de esos que dices que no sirven
La Falcón: ¡Ups! Igual tengo que tragarme mis palabras… ¿para qué sirve entonces?
Instagram: …..eeeeemmmm…. paraaaaaaa….
Para NADA.
Ya te lo digo yo.
No me sirvió para nada.
Tras la búsqueda de viralidad, muchas veces hay vanidad
A no ser que quieras ser influencer beauty, o de lifestyle o esas cosas…
… a nivel negocio, no sirve para tanto.
¿Está mal?
Claro que no, todo lo que sea que te vea más gente, bienvenido sea.
A lo que voy es que creo que se tiene muy idealizado ese “hito”.
Personalmente, mi objetivo cuando hago publicaciones en redes, es que la gente se dé de alta en esta Newsletter.
¿Crees que tuve más suscripciones de las habituales cuando publiqué ese post?
Creo que intuyes la respuesta.
El número de suscripciones no fue distinto al habitual.
Lo que sí aumentó: los followers del propio Instagram.
De más de 200.000, se quedaron 1280.
Y hasta ahí llegó el “pelotazo”.
Entonces, ¿de qué me vale si, a fin de cuentas, no se convierte en suscripciones y, mucho menos, en ventas?
Para mí, no fue un post viral.
Fue un post más.
Uno que sigue apuntalando mi estrategia a largo plazo, en la que me enfoco en propagar mi discurso día tras día, porque mi objetivo es conectar con las personas adecuadas.
Y, que algunas de ellas, se acaben convirtiendo en clientes/as.
No es la primera vez que aparece un señoro que me señala la cifra tan “baja” de likes que considera que tienen mis publicaciones.
Gracias, José Francisco, pero yo también tengo ojos.
Jose Francisco, por supuesto, es muy popular en Linkedin, porque publica todos los días gracias a la colaboración de su amigo Chat, y conecta con gente tan lerda como él.
El sueño de José Francisco, es ser Top of Voice de esa red.
Por supuesto.
Es toda una caricia en su exacerbado ego.
José Francisco se pasa varias horas al día dando likes y comentando a la misma gente que lo hace con él, porque es un intercambio justo que nos permite “crecer” en masa.
¿A José Francisco eso le supone hacer más negocio, trabajar en mejores proyectos o captar mejores clientes/as?
La verdad es que no.
A nivel negocio, sigue tan estancado como siempre, o no es capaz de dejar su curro por cuenta ajena para dedicarse a lo que le gusta.
Pero claro que tiene tiempo para revisar cuántos likes tenemos (o no) el resto.
El resumen, es que creo que la viralidad, está muy sobrevalorada, y decorada con historias épicas de influencers (de otro sector fuera de tener un negocio per se).
¿Está mal en sí misma? Claro que no.
Pero no creo que sea LO IMPORTANTE.
Considero que tiene mucho más peso llegar a esas personas con las que trabajar a gusto, que compartan los mismos valores que yo, que valoren a su vez mi trabajo.
Que, a fin de cuentas, nos entendamos.
Y de eso, por suerte, sí tengo y no me ha faltado nunca.
Yo sigo buscando “la fórmula de la inmortalidad” aunque, en este caso, haya descubierto la pólvora.
Es algo que “explota” y, a veces, no sabes ni cómo.
Por eso sigo invirtiendo en el largo plazo, en lo que hace mi negocio sostenible y fluido para mí.
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