Cómo saber si te estás conformando

Según pasan los años, veo que cada vez estamos más acomodados.

Así, en general.

No sé si lo recuerdas pero, para mucha gente, en la pandemia, siempre que hubiese Netflix y Uber Eats, todo estaba bien.

Si eso es algo que se magnifica en una situación extrema como era aquella, seguramente quiera decir que ya bebe del caldo que se cuece en el día a día.

Sabemos que el sistema nos ahoga, que nos exigimos demasiado y que, muchas veces, los objetivos son sobrehumanos.

Lo sabemos.

Y, aún así, lo que nos preocupa que la pizza llegue calentita y que no tenga que sacar la mano de debajo de la manta para que la serie avance a su próximo episodio.

Muchas veces, nos estancamos y no nos damos cuenta.

Nos dejamos ir.

Y no nos damos cuenta hasta que somos lo bastante infelices.

Hace tanto que aparcaste ese proyecto que querías sacar adelante y que tenía todo el sentido, que ya ni te acuerdas.

Dejamos de lado lo importante porque las “obligaciones” y exigencias externas siempre serán más urgentes.

Al final, empezar ese proyecto, sería enfrentarse a la incomodidad de la incertidumbre, al riesgo a fracasar o al inconveniente que supone no tener todas las respuestas.

Seamos realistas: a veces nos quedamos a vivir en el conformismo.

Porque es fácil acostumbrarse a lo bueno.

Pero también es fácil acostumbrarse a lo malo.

Que el día a día te coma la vida como para dedicar tiempo a ese proyecto de negocio que es importante para ti.

Donar tu tiempo a lo que realmente no es lo importante, se convierte en lo habitual.

Por eso, pasan los años y vivir en este estancamiento, es ya un lifestyle.

 

 

La evolución, no es una escalera

 

Hace poco escuché (sorry, no recuerdo dónde) que la evolución no es una escalera sino una rampa.

Si vas por la escalera, es fácil quedarse a vivir en un escalón, acomodarse ahí.

A veces, sin darte cuenta.

O pensando que la situación Uber Eats + Netflix es lo máximo.

Pero, no siendo yo partidaria del crecimiento sin mesura, sí creo también que, a veces, nos atrapamos en situaciones y excusas que nos impiden trabajar en esos proyectos ilusionantes.

Impedimentos que, muchas veces no, pero muchas otras, sí son obstáculos que te pones a ti mismo/a.

En cambio, si vemos la evolución como una rampa (cada quien la suya y con su grado de inclinación) el enfoque cambia.

Primero, porque nos quitamos de delante esa presión de que todo se queda grabado en piedra una vez que se decide.

En punto muerto en un escalón, todo es estático y rígido.

En la rampa, estás en permanente inclinación.

No tienes por qué avanzar rápido, puedes ir a tu ritmo, puedes parar un rato incluso, o dejarte caer y volver un poco atrás si es necesario.

Pero, en una rampa, estás viviendo en la incomodidad.

La que es inherente a esa evolución.

Evolución que es necesaria para sacar adelante tu proyecto de negocio con el que tienes que aprender, flexibilizar, implementar y experimentar.

Es un proceso que pasa por aceptar que tú, yo y nuestras respectivas marcas personales, somos un work in progress constante mientras sigamos con vida.

Que todo va por temporadas, como las series.

Por etapas que tienen sus cosas buenas y sus cosas malas.

La rampa te permite convertirte en la persona que quieres ser.

O, lo que es lo mismo, la incomodidad te lleva a adquirir nuevas habilidades, a que surjan nuevas curiosidades y a que pruebes cosas.

Poder reinventarte una y otra vez, si es necesario.

Por eso a mi me gusta desarrollarme personalmente a través de mis emprendimientos.

Estar cómoda en lo incómodo.

Vivir en la rampa.

 

 

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